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La Luz que Dios te dio es parte de tu Propósito


El pecado de esconder la luz e ignorar tu propósito


Las consecuencias de no poner tu proposito al servicio

Desde una mirada astro-teológica, el don no es un talento opcional.

Es una asignación del alma.


No te fue dado para que lo administres según tu comodidad emocional, ni para que lo escondas hasta sentirte seguro, aprobado o listo.


Te fue dado para ser puesto al servicio.


Y cuando no lo haces, no ocurre “nada neutral”.Ocurren consecuencias internas profundas, aunque desde afuera parezca que todo sigue igual.


El cielo no castiga: retira flujo

Astro-teológicamente, cuando un don no se expresa:

  • la energía se estanca

  • la vida pierde sincronicidad

  • aparece cansancio sin causa clara

  • se repiten bloqueos, retrasos y frustración


No porque Dios castigue, sino porque el canal fue cerrado desde adentro.

El cielo no empuja lo que el alma se niega a encarnar.


El miedo a fracasar no es humildad, es desconfianza espiritual

Cuando no pones tu proposito al servicio por miedo a fallar, el mensaje interno es este:


“Creo más en mi error posible que en la inteligencia que me creó.”

Desde la astro-teología, eso es negar el diseño. No confiar en el don es no confiar en el Autor del proposito.


El fracaso no es la falta. La falta es no intentarlo y llamar prudencia a lo que en realidad es miedo.


El miedo al qué dirán bloquea el propósito

El alma no fue diseñada para vivir según la mirada ajena.Pero cuando el miedo al juicio gobierna:

  • el don se reduce

  • la voz se apaga

  • el brillo se negocia

Astro-teológicamente, esto crea una fractura:la vida exterior se organiza,pero el alma no avanza.

Y el precio es alto:una sensación persistente de estar viviendo una vida que no termina de encajar.


El miedo a brillar es el más peligroso


Porque se disfraza de humildad, de espiritualidad, de “no es el momento”.

Pero en lenguaje del alma, el miedo a brillar dice:

“Prefiero ser pequeño antes que responsable de lo que puedo provocar.”

Y aquí la consecuencia es clara:cuando no ocupas tu lugar, otro ocupa tu espacio y el mundo recibe una versión incompleta del diseño original.


No brillar no protege a nadie. Solo apaga una parte del plan de tu proposito


La consecuencia final: desconexión interna


Quien no pone su proposito al servicio:

  • ora, pero no siente respuesta

  • trabaja, pero no siente plenitud

  • logra cosas, pero no siente sentido


Porque el alma sabe algo que la mente intenta olvidar:

El don no se te dio para guardarlo, se te dio para activarlo.


En el lenguaje del cielo, el verdadero “pecado” no es equivocarse.

Es negar la luz que te fue confiada.

El don que no se entrega, se convierte en peso. El brillo reprimido, se vuelve frustración. Y el llamado ignorado… se transforma en vacío.

El cielo no te pide perfección. Te pide disponibilidad.

Porque cuando el don se pone al servicio, la vida —por fin— vuelve a fluir.



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