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¿Y si el problema es que nunca entendiste qué significa realmente el cristianismo?

El cristianismo, si es falso, no tiene ninguna importancia; y si es verdadero, tiene una importancia infinita.

C. S. Lewis escribió una frase que, más de medio siglo después, sigue incomodando a creyentes y no creyentes por igual:

"El cristianismo, si es falso, no tiene ninguna importancia; y si es verdadero, tiene una importancia infinita. Lo único que no puede ser es moderadamente importante."

La primera reacción de muchas personas es pensar: ¿No sería mejor cambiar la palabra "cristianismo" por "Dios"?

No.

Y esa diferencia lo cambia todo.

Porque creer que Dios existe no transforma necesariamente la vida de nadie. Millones de personas creen en Dios y, aun así, viven dominadas por el miedo, el ego, la ansiedad, el resentimiento y la necesidad de controlar todo.

Lewis no estaba hablando de creer en un Ser Supremo.

Estaba hablando del cristianismo en su significado original.

La palabra cristiano proviene del griego christianós, que significa "el que pertenece a Cristo", "el que sigue a Cristo".

Es decir, el cristianismo no nació como una religión más.

Nació como la afirmación de que Jesús reveló quién es Dios, quién es realmente el ser humano y cómo funciona la vida cuando vivimos conforme al diseño para el que fuimos creados.

Y aquí está la parte incómoda.


Si Cristo estaba equivocado, puedes cerrar la Biblia, olvidar sus enseñanzas y seguir construyendo tu vida como prefieras.

No has perdido nada.


Pero si Cristo decía la verdad, entonces no estamos hablando de una opinión religiosa.

Estamos hablando de la realidad. Y la realidad no cambia porque decidamos ignorarla.


La gravedad sigue funcionando aunque alguien no crea en ella.


El fuego sigue quemando aunque alguien piense que no.


Y si Jesús describió el diseño con el que fue creado el ser humano, vivir de espaldas a ese diseño tendrá consecuencias, aunque nunca pises una iglesia.


No porque Dios necesite castigarte. Sino porque nadie puede utilizar un diseño en contra de su propósito sin terminar dañando su funcionamiento.


Quizá por eso Jesús habló tanto del perdón, de la humildad, del servicio, de la verdad, del amor, de la confianza y de la libertad. No estaba imponiendo una lista de reglas religiosas. Estaba revelando cómo funciona un ser humano cuando vive alineado con Aquel que lo creó.


Cada vez que construimos nuestra identidad sobre el orgullo, el miedo, la aprobación de los demás, el resentimiento o el control, no estamos perjudicando al cristianismo.

Nos estamos alejando del diseño que sostiene nuestra propia vida.


Por eso la pregunta nunca ha sido:

"¿Eres cristiano?"

La verdadera pregunta es:

¿Y si Cristo realmente tenía razón?

Porque, si la respuesta es sí, entonces el mayor riesgo no es dejar de practicar una religión.


El mayor riesgo es pasar toda una vida ignorando las instrucciones del Diseñador mientras intentas descubrir, por tu cuenta, cómo funciona aquello que Él creó.

Y eso explica por qué tantas personas buscan paz sin verdad, propósito sin transformación y plenitud sin Dios.


No es que el cristianismo necesite que tú creas en él.

Es que, si Cristo es la Verdad, tu vida nunca podrá alcanzar su verdadero potencial viviendo de espaldas a Él.


Eso fue exactamente lo que quiso decir C. S. Lewis.

El cristianismo no puede ser "moderadamente importante", porque, si Cristo es quien dijo ser, entonces seguirlo no es una preferencia espiritual.

Es la diferencia entre vivir según el diseño del Creador o pasar la vida intentando reparar, con esfuerzo humano, aquello que solo puede funcionar plenamente cuando vuelve a su origen.

 
 
 
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